Más de uno de cada tres de nuestra iglesia tiene más de 65 años. Lo que significa que tres de cada cuatro miembros de la Iglesia tiene 45 años o más. En cuanto a los factores de estrés económico por sí solo (la edad de jubilación, las distancias tecnológicas, los servicios sociales, la Seguridad Social y el Medicare) el impacto de este grupo demográfico en las congregaciones locales es profundo.

Reconociendo la necesidad que tiene la Iglesia de un ministerio para personas adultas mayores y la importancia de tratar de contestar a las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo podemos reconocer, honrar y aprovechar la experiencia, la sabiduría y los dones de los adultos  “mayores”?
  • ¿Cómo podemos desarrollar ministerios que integren y entrelacen espiritualmente las múltiples generaciones?
  • ¿Cómo podemos cultivar el mensaje de Cristo de esperanza y servicio para los adultos mayores, sus familias y cuidadores?
  • ¿Cómo podemos analizar, explorar y crear servicios de ministerios litúrgicos y espirituales innovadores y contemporáneos por, con y para todas las generaciones del Cuerpo de Cristo?