La Iglesia está comprometida a acoger a todas las personas, tanto espiritual como físicamente, lo cual incluye el hacerse más hospitalaria y accesible a los que viven con discapacidades. Esto incluye también alentar a las personas con alguna enfermedad a convertirse en miembros más activos de la Iglesia, a asumir papeles de liderazgo y a hacer más conscientes a los miembros de la Iglesia de los dones que pueden aportar las personas discapacitadas.